Colección 2008

“No hay nada mejor que estar en casa” Dorothy, El mago de Oz

Así como John Soane en su búsqueda de una unión asociativa, sensitiva e irracional entre los diferentes elementos, pero respetando el estado original de cada uno, traté de conformar una estética personal.

Utilizando diversas dualidades, formando orden dentro de un caos y revoltijo de lenguajes. Por lo tanto a través de un dadaísmo textil, fui experimentando qué era lo que cada tejido requería y cuál sería el volumen que me permitiría realizar, hasta llegar a ocupar su lugar correspondiente en cada pieza. Trabajo artesano donde el azar y la espontaneidad son puntos clave.

Reinterpretar lo clásico es casi ya una muletilla en la actualidad, pero no por ello carece de menos interés, sino todo lo contrario, pasa a convertirse en un reto.

Si el neoclasicismo se define como “noble sencillez”, el Museo de Sir Joh Soane sería el “Barroco noble”. La luz, y las combinaciones inverosímiles fueron las que me sumieron en este profundo caos ordenado, donde el modelaje y el azar ponen en marcha la creación.

Si es cierto que no hay nada mejor que estar en casa, Sir John Soane debería sentirlo como nadie. Ya que en el museo se podía respirar la calidez de cada espacio, a la vez diferente uno del otro, y la vida de cada habitación, a caballo entre Grecia y la campiña inglesa.

Pero el frío Romanticismo también se deja palpar en las diferentes estancias. En mi opinión a pesar del optimismo y el degradé de luz que todo lo cubre y llena, no hizo que me olvidase de la inmensidad del hombre ante, en este caso en vez de la naturaleza, el espacio arquitectónico, lo que es más introspectivo, su propia creación que subyacente, se cuela por los poros de esas paredes ,historias e Historia, mientras que la soledad, el recuerdo, el coleccionismo son testigos de la luz y las sombras que modelan una vida.

El hieratismo de las figuras griegas hace que todo el espíritu alegre de la casa se sumerja bajo las miradas vacías de unos mudos observadores.

Cada pieza del museo se convierte para mí, en símbolos, acertijos, esfinges, oráculos, rostros esquivos que empiezan a humanizarse, o incluso parece que tocándolos y recitando las palabras secretas como en el film “Retorno a Oz” se conviertan en seres animados, extraños, con ropajes a juego con su “concha”, es decir con el objeto que anteriormente fueron.

Por ello a través de tapicerías se van desenvolviendo las piezas de esta colección de alegres colores pero sobre una base mortecina de luz de neón de un amanecer incombustible de recuerdos.

El azul que empleé tiñe todo el coleccionismo, en contraposición a la luz cristalina que envolvía el museo, ya que quise reflejar más que algo superficial, un sentimiento como el de la melancolía de una casa, morir en ella o morir por ella, los sueños que encierra, el día a día, un estado de romanticismo permanente, donde la tristeza es agradable y el espíritu parece estar en una continua fiesta emocional. Pero también la contemporaneidad que transmite ese espacio a pesar de su clasicismo, o mejor dicho neoclasicismo.

En definitiva, estas piezas son pequeños personajes-objeto que imaginé conviviendo en el museo, unos fantasmas de plástico camuflados bajo los tejidos de tapicería, que como camaleones se esconden y mimetizan con los rincones como si de una pesadilla se tratase.

Todo comienza a cobrar sentido, cada cosa en su sitio, el maestro y el lacayo, dos fantasmas, uno sin el otro no serían nada, bajo un mismo techo. Y es que todos necesitamos una casa donde vivir, o al menos algo nuestro, espacio, habitación, donde caernos muertos, donde ser lo que somos y donde cobremos sentido y sentidos.

Por eso y a través del metalenguaje real, me inspiré tanto en los espacios de la casa negativos y positivos, como también en mi habitación, es decir, hablo de mi “espacio de trabajo en el trabajo”.

En este proyecto, como en todos, mi habitación forma un papel tan importante como la visita al museo, ya que me persigue la obsesión de vivir cada rincón y trasformarlo al respirar y al mirarlo, llenarlo y vaciarlo. En definitiva, el espacio y la luz.

El romanticismo sublime y la ironía, la abstracción y la no vida, lo inmaterial convertido en protagonista vital, la suerte y la belleza por la belleza son conceptos clave que utilizo.

Por lo tanto, si el Romanticismo es la vida, se podría decir que el Neoclasicismo es la muerte congelada, y eso es lo que yo como espectadora he sentido al entrar en el museo, vacío de tiempo, que detiene Cronos, petrificando todo lo que toca hasta que una mañana alguien decida despertar a la “bella durmiente” (Fuseli). Y para cuando esto suceda, el mundo ya se habrá transformado y habrá sido diseñado y reinventado por un clásico del futuro, como Sir John Soane.

La belleza de la muerte y la crudeza del surrealismo hacen que la alegre e irreversible locura se manifieste por toda la casa estrechándote la mano al entrar para no regresar, ya que no hay nada mejor que estar en el hogar.

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Vídeo

Fotógrafo: Selector Marx
Dirección artística y peluquería: Emilse cuello
Maquillaje: Cynthia de Leon
Modelos: Miriam Gómez y Gabriela Maxin